lunes, 1 de julio de 2013

De tampones y genitales.

Pues como todo el mundo habla de los tampones y de Amaia Salamanca, yo no me voy a extender mucho. Sólo un par de cosas.

1. LOS TAMPONES SE INTRODUCEN EN LA VAGINA. No necesariamente con fines sexuales, pero sí, por la vagina. Sirven para recoger el sangrado menstrual y no llenarse las bragas y las piernas de sangre. Vamos, para no ir chorreando por la calle. Meterlos en la mano, no tengo muy claro si es pueril o sólo absurdo, lo que sé es que no es provocador ni me evoca nada sexual. Vamos, que no eres más "guay", ni más abierta, ni más liberada por sacar un tampón en la piscina y dárselo a un tío. 

2. LOS TAMPONES SE INTRODUCEN EN LA VAGINA CUANDO LAS MUJERES MENSTRÚAN. Esto es, son útiles, si se quieren usar, para la mujer. En el anuncio se encargan de dejar bien claro que es para que "Tú (HOMBRE QUE NO MENSTRÚA) no notes nada". A mí personalmente me suda bastante el coño lo que notes o no notes. Como ya he dicho si uso tampones u otras cosas es para no ir llena de sangre, no para que tú estés a gusto y no sepas que las mujeres hacemos eso tan "asqueroso" de sangrar.


domingo, 31 de marzo de 2013

Del "amor"

Ya hace un tiempo que vengo hablando con una amiga del mito del amor romántico, el de la media naranja, el  del sin tí no soy nada, el de te necesito.
Con el que se nos bombardea desde el cine, la música, la televisión, la publicidad, la literatura, el arte, la infancia, los cuentos, la educación.
 
Y cuánto daño nos ha hecho. Cuántos meses de sufrimiento, cuánto tiempo esperando, reprimiendo, negando, anhelando, inventando. Cuánto pájaro en la cabeza, cuánta inútil pérdida de autoestima. Cuánto sometimiento se produce cuando piensas que necesitas a otra persona, ¡qué la necesitas! y que si es de verdad no acabará nunca. Cuánta concesión, cuánta transformación, cuánta traición. Cuánta violencia cuando eres propiedad de otrx. Cuántos celos. Qué sensación de derrota y fracaso cuando termina.
 
Lo bonito de amar es que has decidido compartir con alguien a quién no necesitas. Lo contrario no es amar, es poseer y esclavizar.

jueves, 7 de marzo de 2013

¿DECISIVAS?

La Comunidad de Madrid está dispuesta a celebrar el día de la mujer. ¿Y cómo? ¿Equiparando el salario de hombres y mujeres? ¿Denunciando campañas sexistas? ¿Promoviendo una educación igualitaria? ¿Buscando vias eficaces para la conciliación familiar?
 
No, hembras madrileñas, el gobierno regional os rendirá homenaje, con cosas muy chachis, especiales y femeninas, como estas:
 
Las mujeres no necesitamos zumba, ni bombones, ni que nos inviten a cenar, ni lenceria. No necesitamos la condescendencia y el paternalismo de ningún hombre ni organismo. No necesitamos que nos recordéis que somos una costilla, un apéndice. Para esto no necesitamos un día al año. Lo tenemos desde que nacemos, los trescientos sesenta y cinco.
 
Y lo que desde luego no necesitamos, es que un día concebido para la lucha y la concienzación lo convirtáis los representantes del patriarcado y la derecha más recalcitrante en un festival de machismo y cosificación.
 
 

martes, 18 de diciembre de 2012

Me hubiera gustado hablar del anuncio de Desigual, pero una amiga me ha dejado un enlace de otra página en la que queda todo dicho, con mucho estilo y mucho mejor de lo que yo lo haría.

http://www.madriz.com/feminismo-de-la-desigual-dad/


lunes, 26 de noviembre de 2012

Los guardianes del gineceo

Este fin de semana se celebraba el día contra la violencia de género. Este fin de semana se emitía en cierta cadena de televisión una película en la que un hombre convivía con cinco mujeres. No la vi, pero vi el anuncio. Una voz en off quería persuadirnos de ver el film, y decía "Cinco mujeres... ¡y un solo hombre para cuidarlas!". Pobres mujeres. Por lo visto, necesitaría cada una un buen macho que se hiciera cargo de ellas. ¡Y qué gran hombre! Tiene el valor y la gallardía de enfrentarse él solo a cinco hembras, con la lata que dan. Como digo, no he visto la película en cuestión, pero me parece vomitivo el reclamo que se ha usado para presentarla. Todos sabemos cuántas mujeres sacan adelante a diario a sus familias sin ningún macho que las proteja. ¿Por qué tenemos que escuchar hasta la saciedad ese discurso paternalista? ¿Por qué nos quieren convencer de que las mujeres necesitan un hombre que las cuide? No quiero caer en el yo-soy-mejor-que-tú, pero lo que veo a diario es más bien lo contrario: que los hombres educados de cierta manera sí necesitan una mujer para vivir, una mujer que lo vista, lo alimente y lo consuele (y que mantenga su hogar en un estado de salubridad aceptable). No quiero decir con esto que todos los hombres sean iguales y necesiten una chacha, pero sí que, oh paradoja, se empeñan en demostrar que las mujeres requieren de un hombre para salir adelante cuando la realidad (por lo menos a mí) demuestra lo contrario. 

Este fin de semana también, he estado buscando en los periódicos de mi ciudad noticias sobre un evento y me he topado con una carta al director que me ha dejado los ojos abiertos, hasta el punto de pensar que se salían de las órbitas y tendría que ir a urgencias a que me los colocaran. La reproduzco literalmente: 


Varios productos de bollería de Panrico Donuts, muy populares entre niños, han incluido unos cromos coleccionables con textos e imágenes "grotescos, soeces y de mal gusto", según ha hecho saber el Foro de la Familia. El presidente del Foro ha asegurado que "las familias no podemos admitir que una empresa como Panrico deforme a nuestros hijos en su percepción de las mujeres para ganar dinero fácil. Una campaña como la que están haciendo estos productos  frivoliza la sexualidad y cosifica a 'las tías' (como las mencionan los cromos) con  mensajes de mal gusto y absolutamente faltos de respeto a la mujer y al hombre".
  Aunque la situación no deja de ser anecdótica, sí representa un reflejo de la tendencia general de la sociedad que, inmersa en un peligroso proceso de ingeniería social que comienza con la ideología de género, está desarticulando la visión cristiana, que no es sino la natural, de la familia y del rol de la mujer en la sociedad. El problema es que esa cultura lo invade todo, hasta los bollos de la merienda de los niños.






























Los cromos, como podéis ver, son de bastante mal gusto, pero da la sensación de que el primer párrafo lo escribe una persona y el segundo, otra. Porque ese rol "natural" de la mujer ¿no es cosificar? ¿No es convertir a tu piadosa esposa en una máquina de parir y atender necesidades ajenas? 

Todos necesitamos compañeros y compañeras en la vida, puede que sea tu pareja, puede que sean tus amigos y amigas, o tu familia, pero lo que no necesita nadie es tener un guardián que vele por tu seguridad o por mantenerte a salvo (a no ser que te acose un grupo terrorista armado, en ese caso, rodéate de quince guardaespaldas, por favor). Las mujeres se valen por sí solas, no tienen ningún rol en una casa más que el que ellas decidan, y esto, que es tan obvio, parece resultarles ininteligible a ciertos personajes. 

martes, 16 de octubre de 2012

ARROCES Y TRAUMAS

No estoy segura de si el anuncio del que voy  a hablar sigue emitiéndose en televisión, pero hace ya tiempo que quería hablar de él y lo he ido dejando. Hoy me he acordado de él por otros motivos. 
De esta guisa se cocina los
domingos, con perlas y el
mejor vestido de tu armario.
El spot en cuestión intenta que compremos arroz de una marca aduciendo como ventajas que "no se pasa" y que absorbe el sabor como ninguno. Me parecen grandes razones para comprar un tipo de arroz. El problema viene en la presentación. 

El anuncio en cuestión es horrendo en todos los sentidos. Tiene tantos colores que puede provocar ataques de epilepsia; hay cambios de escenario imposibles y agobiantes; una música machacona de fondo.  Y chistes de dudosa jocosidad (Para el arroz abanda no necesitas una banda...) y saldrá lo que es: un horror.
La señora que aparece en el anuncio se viste de boda para hacer una paella el domingo (una buena esposa siempre cuida su físico para resultar atractiva a su esposo) y nos indica las grandes ventajas, digamos, "secundarias" del arroz. Y es que el preparar la comida es, por lo visto, el comienzo de un juicio en el que la familia dictaminará si eres válida o no. Para que esto quede bien claro, el marido y la suegra opinan sobre el arroz mientras la mujer llora en un rincón. Vamos, que si la comida no sale bien, están en su derecho de someterte a escarnio público. Por supuesto, lo que prepares tendrá que estar perfecto durante días, porque tus hijos, que tienen edad para ir solos donde quieran y volver cuando les dé la gana, no pueden prepararse la comida ¡Para eso estás tú, por favor!

Y sí, hoy me he acordado del anuncio pensando en la gran relevancia que damos a las opiniones que los demás tienen de nosotros mismos. Si este anuncio puede tener algún calado en el público es porque, en gran medida, hacemos lo que hacemos para agradar al otro. Esto, en cierto sentido y con medida, es evidentemente beneficioso para la sociedad, en la medida en que facilita el respeto hacia el otro. Ahora bien, se convierte en un problema cuando la necesidad de agradar deviene en un profundo sentimiento de ofensa y molestar cuando alguien no aprueba (o reprueba) lo que hemos hecho; nos llegamos a sentir atacados ante la mera opinión de otra persona. Creo que parte del crecimiento y madurez de las personas consiste, precisamente, en dar a las opiniones ajenas la relevancia que merecen, aprovechando de ellas lo que nos parezca útil y enriquecedor, y aceptando, sin más, que las cosas son como cada uno las ve, y que eso no supone un ataque.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El horrible tufillo feminista trasnochado

Hace unos días me recomendaron una película. La película en cuestión se llama Cuando ella me encontró, y si tenéis intención de verla, no sigáis leyendo

Trataba de una mujer que, a punto de cumplir los cuarenta años, decidía ser madre. Al ir a hablar de ella con otras personas, decidí buscar la reseña en internet, para que la leyeran y decidieran si verla. La crítica que encontré fue la siguiente:

Orgía feminista trasnochada en el ritual previo
a la castración masiva de bebés.
"Los personajes son una acumulación de tópicos, las situaciones resultan predecibles y previsibles y los momentos supuestamente divertidos no lo son. (...) desprende un molesto tufillo a feminismo rancio y trasnochado (...) Puntuación: * (sobre 5)." (Alberto Luchini: Diario El Mundo)

No tengo nada que objetar a la primera parte. Esté o no de acuerdo. Lo que me hace gracia es cuánto le molesta al crítico que la historia tenga (supuestamente) un "tufillo feminista". "Ya están las locas del furor uterino tocando los cojones" Eso debe de pensar Alberto Luchini. "Y además, las causas feministas ya no tienen sentido, hemos conseguido la igualdad". Eso también debe de opinar, puesto que utiliza el adjetivo "trasnochado". A lo mejor me equivoco, y resulta que está trasnochado por blando e insuficiente, pero no sé por qué, me cuesta creerlo. Piensa mal...

Molestias a parte, lo que más gracia me hace es que algo le huela a feminista en la película. Resulta que la mujer se enamora de uno de los padres de sus alumnos (ella es profesora de infantil, una profesión con tradición masculina evidente, argumento feminista indiscutible). El buen hombre educa solo a sus hijos porque su mujer le "abandonó", se marchó a Europa y dejó atrás a sus hijos, y él sufre (segundo elemento feminista: mujer perversa y mala que decidió vivir su vida -no digo que dejar a tus hijos sin más sea algo bueno o un derecho a adquirir, ojo-) porque tiene que cuidar solo de sus hijos (tercera reivindicación feminista, a los hijos los tiene que cuidar y educar una mujer). Ella comienza a salir con él, pero en una de sus citas la protagonista recibe una llamada de su exmarido; el hombre se enfada tanto que tiene que salir a la calle para no insultarla y no cagarse en la puta madre que parió a la adúltera de la profesora (última premisa feminista: mi hombre ideal es un celoso que tiene problemas para controlar su ira). 

No sé yo dónde está ese tufillo feminista que tanto molesta, a no ser que parezca algo demasiado progresista que una mujer se divorcie, tenga otra pareja y decida cuándo tener hijos. Así está el patio, señoras.